martes, 8 de enero de 2013

El Doble de Lusinchi en la campaña electoral


            Lusinchi tenía un doble que precisamente no era el Doble Cuatro, sino uno que no sabía hacerlo ni sencillo con las zancas cuando a cualquier fotógrafo le daba por trancarlo en su cámara con una de espanto y traspié y que con mala intención política reproducían algunos medios, a los cuales, por supuesto, hubo que salirle al paso no sólo el comando de campaña, sino el propio candidato, denunciando la trampa y advirtiendo que no debía confundirse el vino con el vinagre y que si a jugar de ese modo íbamos, también ellos sabía meter baza, trampa y todo, aunque los ajetreos electorales no dejaban tiempo ni para empatarse en una de dominó, predilecto juego de políticos  discípulos del indio de Carayaca, como lo fue predilecto también para el Libertador en Bucaramanga, la ropilla y el tresillo, juegos con naipes que deben parecerse a lo que en el oriente venezolano llamamos “carga la burra”, solo que, en el caso que nos ocupa y preocupa, cargar la burra o la mula no es lo mismo que cargar los problemas del pueblo, para lo cual no solamente hay que sentarse bien en la silla sino tener la silla bien montada.

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