sábado, 9 de marzo de 2013

Entre lo cierto y lo verdadero / Óscar Tenreiro


Nunca me gustó aludir por su nombre a esa figura que estaba como suspendida sobre todo acontecimiento aquí. Prefería usar el de su "persona", de su máscara, de su rol público. Lo llamé el Líder, el Gran Conductor, el Jefe, etc. porque no quería repetir su miles de veces repetido nombre de bautismo. Me parecía un peso incómodo que alejaba la serenidad y convirtió a una sociedad frágil y desestructurada, sin instituciones, donde ha reinado casi siempre lo improvisado, que busca su camino a tumbos, en una suerte de terreno de pruebas en el cual lo único que importaba eran sus designios. Hizo de Venezuela un espacio que difícilmente podía llamarse una nación, tan a su merced estaba, evocando situaciones parecidas a las de otras tierras en donde también hombres dotados para la seducción manejaron el Poder a su antojo. Pero en esos casos había, aparte del mundo artificial que crearon esos Líderes, una cultura fuerte que permitió recomponer las cosas. Aquí la precariedad de toda tradición hará esa tarea mucho más difícil. Y si, tal como me comentaba de cuando en cuando un amigo cercano que decidió sumarse a lo que el Ausente proponía y hoy está en las alturas del Poder, los partidos del pasado "habían hecho un enorme daño a Venezuela", el daño que dejará como herencia el Ausente abruma por su dimensión y su posible profundidad. Y digo "posible" con esperanza, alimentando el deseo de que toda la carga debida al manejo abrumador de medios de comunicación, de dinero, de triquiñuelas para controlar la adhesión, no haya llegado hasta las profundidades de la psique colectiva. No sé si tendré razón.

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