martes, 15 de enero de 2013

El Periodista José Carrillo Romero


Junto a su tumba dijo el exiliado “perdonen ustedes venezolanos, pero para nosotros los chilenos ha sido más violento  el impacto” y su mirada perdida entre cruces y lágrimas parecía negarnos la posibilidad contraria y mire usted lo que lloraba Marina y lo desencajada que estaba el alma de Pancho y de Rogelio.  Carrillo era así de grande en el corazón ajeno.
            Su nombre para algún sitio que  lo resguarde del olvido, propuso al final, el extranjero, porque sencillamente, el periodista, sin mirar condición, origen, ni esperar nada a cambio, debía perpetuarse en alguna forma, aunque fuese en la intangibilidad de una interrogante formulada con las letras de su nombre.
            Ha muerto un hombre útil, tituló el “Correo del Caroní” el mismo día y la reflexión no podía ser más acertada.  Carrillo, José Carrillo Romero, era extremadamente útil como la de socorrer al exiliado, arriesgar  su tranquilidad y la de los suyos contra la injusticia y poner a prueba la verdad en los momentos más difíciles.
            La última vez que hice contacto con él, fue a través del teléfono par precisar la noticia que “El Nacional” publicaría al día siguiente en primera página.  Entonces, bajo aquella densa oscuridad en que se sumía el Oriente a causa de una avería en las líneas de transmisión de Edelca, me dijo “me iré de mi casa a la Corresponsalía con una velita” y la velita, el 23 de enero se convirtió en lucero.




Evaristo Marín, Américo Fernández, José Carrillo Romero y Rubén Ferrer Rosas.

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